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La ruta de la chorrera es el único paisaje protegido de Castilla La Mancha, dentro de la ZEPA y LIC Montes de Toledo. Declarado paisaje protegido por Decreto 73/2003 de 06/05/2003. Superfície total 36,38 hectáreas.

Flora relíctica como acebo (Ilex aquifolium), abedul (Betula péndula ssp), arraclán (Frangula alnus) y helecho real. (Osmunda regalis) Trampales caracterizados por la insectívora grasilla (Pinguicula lusitanica) y brezo de turbera (Erica tetralix).

Observación de aves, anfíbios y reptiles y mamíferos como el corzo (Capreolus capreolus), jabalí (Sus scrofa), tejón (Meles meles), meloncillo (Herpestes ichneumon), garduña (Martes foina), gineta (Genetta genetta), zorro (Vulpes vulpes) y nutria (Lutra lutra) entre otras.

Acceso libre, ruta señalizada, baja dificultad.

Distancias kilométricas:

3,5 km desde Horcajo al aparcamiento/área recreativa

1 km desde el aparcamiento/área recreativa a la cascada.

Textos: Francisco Jesús Sánchez Sánchez

Comenzamos la ruta desde el mismo municipio, tomando la calle Linares hasta incorporarnos a un camino y cruzar el vado del arroyo de La Chorrera, que transcurre paralelo a nuestra derecha durante toda la ruta. En un primer tramo el camino discurre entre lo que fueron antiguos huertos y corrales, en los que la vegetación circundante está formada principalmente por espinos (Crataegus monogyna), tamujos (Securinega tinctoria), zarzales (Rubus fructicosus), retamas (Retama sphaerocarpa) y madreselvas (Lonicera etrusca y Lonicera perclymenum), donde mosquiteros comunes y musicales (Phylloscopus collybita y Phylloscopus trochilus), currucas (Sylviidae ssp) y tarabillas comunes (Saxicola torquata) entre otras pequeñas aves, nos sorprenden con su presencia.

A medida que avanzamos, el camino discurre por zonas de cultivo salpicadas por encinas (Quercus ilex), en las que podremos observar, entre otras especies, algún ejemplar de paloma torcaz (Columba palumbus), tórtola común (Streptopelia turtur) y su prima, la invasora tórtola turca (Streptopelia decaocto), así como el peculiar vuelo de la abubilla (Upupa epops).

En esta zona observamos una etapa de degradación del encinar que es sustituido por matorral de bajo porte como jara (Cistus ladanifer), retama, aulaga (Ulex parviflorus), cantueso (Lavandula stoechas), etc, junto a la escasa vegetación de ribera, representada por algún ejemplar aislado de álamo negro (Populus nigra), álamo temblón (Populus tremula), sauce (Salix ssp) y una pequeña olmeda (Ulmus minor) donde, en primavera, la colorida oropéndola (Oriolus oriolus) nos deleitará con su aflautado reclamo.

El camino termina en una pequeña área recreativa, en la que podemos reponer fuerzas antes de retomar de nuevo nuestra ruta. Los merenderos, realizados de forma artesanal y reformados en el año 2015 nos proporcionaran sombra y un sitio donde sentarse a descansar y comer y beber algo. Tambien hay disponible un aparcamiento por si hemos decidido realizar este primer trayecto en nuestro vehiculo.
Cruzamos un pequeño arroyo, dejando a nuestra izquierda la zona de aparcamiento habilitada, avanzando por una vereda entre sustratos pizarrosos por donde discurre encajonado el arroyo de la Chorrera, flanqueado por juncos churreros (Scirpus holoschoenus), brezos de escoba (Erica scoparia) y entremezclado con jaras, espinos, zarzales y rosales silvestres (Rosa canina ssp), donde dependiendo de la estación podremos ver zarceros (Hippolais polyglotta), mirlos comunes (Turdus merula) o ruiseñores (Luscinia megarhynchos) que nos deleitarán con su extraordinario canto. Como especie estival además, podremos avistar el espectacular y colorido abejaruco (Merops apiaster), que habita en los taludes de tierra que se encuentran junto al arroyo. No es raro durante la ruta observaciones de todo tipo de rapaces ibéricas. Como curiosidad, en el recorrido observaremos en algunos de los bloques de cuarcita un intenso color amarillo fruto de la colonización de los líquenes del género Acarospora.
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En el último tramo iniciamos una suave ascensión circundados por una buena representación de monte mediterráneo, caracterizado por una gran diversidad de especies entre las que podemos encontrar encinas, madroños (Arbutus unido), brezos (Erica ssp), labiérnagos (Phillyrea angustifolia), romeros (Rosmarinus officinalis), ruscos (Ruscus aculeatus) y como especies anuales la conocida como flor de diablo o peonía (Paeonia humilis), y algunas variedades de las primaverales orquídeas (Orchidaceae ssp). En algunas zonas debido al espesor de la vegetación, se forman túneles vegetales por los que discurre la ruta.
Al abandonar este paraje, observamos una variación en el color del suelo al pasar por un estrato de arcillas caoliníferas blanquecinas (Terciario/Cuaternario), responsables de la existencia de trampales en esta zona. En este punto, podemos apreciar la garganta formada en el paraje de La Chorrera, flanqueada a nuestra izquierda por el Cerro de la Zarceruela (777 m) y a nuestra derecha por el Cerro del Chorro (836 m).
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En este paraje debido al enorme grado de humedad y la orientación de sus sierras, coexisten junto al típico bosque mediterráneo, abedules (Betula péndula ssp), arraclanes (Frangula alnus), sauces, fresnos (Fraxinus angustifolia), acebos (Ilex aquifolium), helecho real (Osmunda regalis), helecho hembra (Athyrium filix femina) y helecho macho (Dryopteris affinis) entre otros, dando lugar a un paisaje singular, más propio de clima atlántico o subtropical. En algunas de las zonas de esta garganta, fruto de la humedad superficial y las características del suelo, aparecen pequeños trampales en los que habita la grasilla o atrapamoscas (Pinguicula lusitanica), una de las especies de plantas carnívoras de la comarca, asociada a esfagnos (Sfagnum ssp) y brezo de turbera (Erica tetralix).
Los roquedos cuarcíticos de ambos cerros dan lugar a la cascada de la Chorrera, con una altura superior a los 15 metros. En silencio podremos sorprender a algún ejemplar de corzo (Capreolus capreolus) o pequeñas aves como el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos) y bastardo (Cettia cetti), chochín (Troglodytes troglodytes), lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) y los coloridos carboneros (Parus major) y herrerillos (Parus caeruleus). En los crestones cuarcíticos se puede observar el azulado roquero solitario (Monticola solitarius), especie típica de estos enclaves. Tampoco es raro encontrar algún anfibio como la salamandra común (Salamandra salamandra) o el tritón ibérico (Triturus boscai) así como reptiles entre los que destacan el singular eslizón tridáctilo (Chalcides chalcides) o las culebras de agua (Natrix maura) o de escalera (Rhinechis scalaris).
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